viernes, 24 de febrero de 2017

9 rasgos de una vida sexual sana en el matrimonio cristiano: más allá del cómo, cuándo y cuánto


9 rasgos de una vida sexual sana en el matrimonio cristiano: más allá del cómo, cuándo y cuánto



Carol Peters-Tanksley, norteamericana, es ginecóloga, endocrinóloga reproductiva, autora de libros sobre salud femenina y una cristiana comprometida en tareas de evangelización, sobre todo animando a un estilo de vida sano en lo físico y lo espiritual.


Reflexionando sobre las dificultades que pueden aparecer en la vida sexual de un matrimonio cristiano ha detectado 9 características que se deben tener en cuenta.

Recuerda que Dios creó el sexo ("hombre y mujer los creó", Génesis 1,27) pero que distorsionado o mal usado puede destruir vidas y familias.

“Parto de la premisa de que Dios creó el sexo para ser disfrutado entre el hombre y la mujer en un matrimonio comprometido. El debate tras esa premisa es para otro día. Pero entender cómo está diseñada esta relación puede ayudar a responder muchas preguntas”, escribe la doctora Carol.

Una relación sexual sana:

1. Es desprendida, no egoísta
Una relación sexual sana tiene que ver más con dar que con recibir. El esposo y la esposa se enfocan más en satisfacer las necesidades del otro que en cumplir sus propios deseos. Si ambos se centran en el otro, la mayoría de las dificultades se superan. El qué hacer, o cómo, cuándo, donde, cuántas veces… esas preguntas se responden, en la mayor parte de los casos, yendo en la dirección de lo que el cónyuge quiere.
2. Es honesta
El esposo y la esposa pueden ver las preguntas del “cómo, cuándo, donde, con qué frecuencia” de forma distinta, pero ambos expresarán con honestidad y amabilidad sus deseos, miedos, frustraciones y más. Aunque ambos intentan cumplir con las necesidades del otro, ninguno se sentirá forzado a implicarse sexualmente en algo que les haga luego sentir resentimiento hacia el otro.

 
3. Tiene etapas, temporadas
La vida, y el matrimonio, tienen estaciones, temporadas, con distintas necesidades en lo íntimo. No cada encuentro sexual tendrá el mismo nivel de emoción o satisfacción. Los aspectos más importantes del sexo cambiarán en las distintas etapas del matrimonio.
4. Es relevante, importante
El sexo no es “solo sexo”, es un tipo de intimidad entre esposo y esposa realmente importante. Se ha de tratar como algo valioso, un don precioso que vale la pena guardar, en el que se ha de trabajar, en el que vale la pena mejorar, hacerlo prioritario, invertir en ello, rezar por ello. No hay que menospreciarlo como un añadido menor.
5. Es regularmente irregular
La vida sexual puede ir cambiando: de frecuente a ocasional, de emocionante a confortable, de satisfactorio a frustrante… depende de la salud física, el estrés de la vida y otros factores. En una relación sana, el esposo y la esposa están comprometidos a unirse físicamente, a reconectar así con frecuencia, pero con libertad, sin presiones legalistas.

6. Es exclusiva
Los cónyuges se mirarán el uno al otro exclusivamente, no mirarán a ningún otro lugar para el cumplimiento de sus deseos y necesidades sexuales. La intimidad sexual con una tercera persona está fuera de los límites de una sexualidad sana, pero lo mismo sucede con la pornografía, el exceso de intimidad emocional con otra persona, etc…
7. Es segura y sanadora
Una relación sexual sana permite exponerse, vulnerable, sin ser herido. La relación sexual (o su aplazamiento) no se usa para castigar, para controlar ni para herir. Que te vean por completo, que te conozcan, y que aún así te amen y acepten, es una experiencia maravillosa y sanadora, que sana heridas específicas del pasado, o las comunes de la debilidad humana.
8. Es imperfectamente perfecta
Cada matrimonio es la unión de dos personas imperfectas, y lo mismo sucede con sus relaciones sexuales. Como en cualquier otro ámbito de la vida matrimonial, casi con seguridad en algún momento herirás a tu cónyuge, y él te herirá a ti. Por lo tanto, una relación sexual sana incluye el perdón sincero y una mejoría continua.
9. Es más que física
El acto sexual es el aspecto físico de una intimidad bien trabajada. Por eso, nunca es “sólo sexo”. Esta intimidad completa incluye amistad, perdón, lazos emocionales, entendimiento mutuo y conexión espiritual. La sexualidad marital completa incluye todas esas cosas.

La doctora Carol añade estas consideraciones:
-Hay muchos matrimonios cristianos donde el sexo no cumple todas estas condiciones, pero eso no significa que no sea posible.

-Si tenéis una buena vida sexual, ¡celebradlo! A Dios le gusta.
-Si estáis casados y vuestra relación sexual no es muy buena, no os rindáis. A veces hay que trabajar en mejorar lo sexual, pero otras veces tendréis que trabajar antes otros aspectos de vuestro matrimonio y eso hará que mejore vuestra intimidad.
-Si no estás casado, no te rindas. El miedo, la culpa, la desesperación y otros mensajes negativos pueden presionarte para que aceptes algo menos que el matrimonio. Te animo a que te reserves para lo mejor.

No hay “Diez pasos garantizados para una relación sexual impresionante”. Una relación sana en una pareja cristiana es un asunto de crecimiento, compromiso y gracia de Dios. Requiere esfuerzo y vale la pena trabajar por ella.


(Tomado del original en inglés aquí)


qué pasa cuando nos morimos


154. ¿Qué pasa con nosotros cuando morimos?
En la muerte se separan el cuerpo y el alma. El cuerpo se descompone, mientras que el alma sale al encuentro de Dios y espera a reunirse en el último día con su cuerpo resucitado. [992-1004, 1016-1018]


El cómo de la resurrección de nuestro cuerpo es un misterio. Una imagen nos puede ayudar a asumirlo: cuando vemos un bulbo de tulipán no podemos saber qué hermosa flor se desarrollará en la oscuridad de la tierra. Igualmente no sabemos nada de la apariencia futura de nuestro nuevo cuerpo. Sin embargo, san Pablo está seguro: «Se siembra un cuerpo sin gloria, resucita glorioso» (1 Cor 15,43a).


 ir al cielo
155 ¿Cómo nos ayuda Cristo en la muerte, si confiamos en él?
Cristo nos sale al encuentro y nos conduce a la vida eterna. «No me recogerá la muerte, sino Dios» (santa Teresa del Niño Jesús). [1005-­1014, 1016, 1019]
Contemplando la pasión y la muerte de Jesús incluso la muerte puede ser más llevadera. En un acto de confianza y de amor al Padre podemos decir «sí», como hizo Jesús en el Huerto de los Olivos. Esta actitud se denomina «sacrificio espiritual». El que muere se une con el sacrificio de Cristo en la cruz. Quien muere así, confiando en Dios y en paz con los hombres, es decir, sin pecado grave, está en el camino de la comunión con Cristo resucitado. Cuando morimos, no caemos más que hasta las manos de Dios. Quien muere no viaja a la nada, sino que regresa al hogar del amor del Dios que le ha creado. 

5 oraciones cuando tienes miedo a la muerte

amor de dios
* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido. 

jueves, 23 de febrero de 2017

¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo! 150-151

¿Cómo anda su vida de fe? ¿Usted podría responder satisfactoriamente si alguien buscando a Dios le pregunta?

 Iglesia perdona los pecados


150. ¿Puede realmente la Iglesia perdonar los pecados?
Sí. Jesús no sólo perdonó él mismo los
pecados, también confió a la Iglesia la
misión y el poder de librar a los hombres de sus pecados. [981-983, 986-987]


Mediante el ministerio del sacerdote se concede al pecador el perdón de Dios y la culpa queda borrada tan completamente como si nunca hubiera existido. Esto lo puede realizar un PRESBÍTERO sólo porque Jesús le hace partícipe de su propio poder divino de perdonar pecados.

Iglesia perdona los pecados
"Tus pecados son perdonados...
¿Qué es más fácil decir 'Tus pecados son perdonados o
levántate, toma tu camilla y vete? (Mc 2, 3-12)

151. ¿Qué posibilidades hay en la Iglesia para el perdón de los pecados?
El perdón de los pecados se da
fundamentalmente en el  SACRAMENTO del Bautismo. Después es necesario el
sacramento de la Reconciliación (Penitencia, Confesión) para el perdón de los pecados graves. Para los pecados veniales se recomienda también la Confesión. La lectura de la Sagrada Escritura, la oración, el ayuno
y la realización de buenas obras tienen
también un efecto expiatorio. [976­-980, 984-
987


* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido. 

Depresión en la tercera edad: Ojo a los síntomas

6 pautas para ayudar al anciano deprimido

Depresión en la tercera edad: Ojo a los síntomas

El sentirse limitado para realizar ciertas tareas, la soledad, la pérdida de la salud que acontece con la edad, la merma de la capacidad económica, la muerte de amigos, la falta de actividad, entre otros, pueden originar depresión en la vejez. Conozca los síntomas y cómo actuar si esta situación se llega a presentar.

El Instituto Nacional de la Salud Mental de Chile explica en qué consiste un trastorno depresivo: “Es una enfermedad que afecta el organismo (cerebro), el ánimo, y la manera de pensar. Afecta la forma en que una persona come y duerme, además la forma como se valora a sí misma. La depresión no indica debilidad personal, puesto que no es una condición de la cual puede liberarse a voluntad. Las personas que padecen de un trastorno depresivo no pueden decir simplemente `ya basta, me voy a poner bien´”, anota la entidad especializada.

No obstante, gracias a años de investigación, hoy se sabe que ciertos medicamentos y terapias son eficaces para curar la depresión.

La depresión en la vejez
Durante el proceso del envejecimiento puede aparecer el trastorno depresivo, en gran parte, debido a los sucesos que aparecen con la edad y que pueden resultar una carga emocional muy pesada para la persona. A pesar de esto, es equivocado pensar que la depresión es un aspecto “normal” de la vejez; se puede ser feliz y vivir satisfactoriamente en esta etapa.

Sin embargo hay personas que presentan una mayor dificultad para asimilar los cambios que presenta la vejez, hasta llegar al punto de sentirse deprimidas; pero, ¿por qué pasa esto?
Con relación a las causas, la Asociación Americana de Psicología (APA) explica que “una persona de edad avanzada puede sentir una pérdida de control sobre su vida debido a problemas con la vista, pérdida de la audición y otros cambios físicos, así como presiones externas como, por ejemplo, recursos financieros limitados. Estos y otros asuntos suelen dejar emociones negativas como la tristeza, la ansiedad, la soledad y la baja autoestima, que a su vez conducen al aislamiento social y la apatía.”

Cabe aclarar que un trastorno depresivo no es lo mismo que un estado pasajero de tristeza. La depresión tiene una intensidad y duración mayor, además contiene un conjunto de síntomas que revelan la enfermedad.

Síntomas comunes
Entre los primeros síntomas que saltan a la vista, están los relacionados con la alteración del estado de ánimo, que puede revelarse con tristeza, desgano, pérdida del interés por las cosas que sí lo hacían anteriormente y la capacidad para disfrutar.

Adicional a lo anterior, el Dr. Luis Carlos Arranz, médico especialista en Geriatría dice que pueden aparecer ideas de culpa, autorreproches, pesimismo, desesperanza, dificultad para concentrarse, deseos de morir.

Y añade que algunos síntomas corporales o somáticos también se pueden presentar: “siendo los más frecuentes las alteraciones del sueño con insomnio y menos veces hipersomnia; pérdida de peso con falta de apetito; cansancio o falta de energía. Pueden existir otras muchas quejas somáticas: gastrointestinales, vértigo, dolor, cefalea, etc. que en ocasiones son predominantes en la depresión del anciano.”
Pese a esto, en la tercera edad los síntomas de la depresión pueden pasar por alto fácilmente, debido a que se suelen atribuir a efectos secundarios de medicamentos, a una enfermedad física o a manifestaciones emocionales transitorias. De ahí que la familia o personas próximas al paciente, le observen con atención por un periodo extendido para luego consultar al especialista.

Cómo pueden los familiares y amigos ayudar a la persona deprimida
Si bien envejecer es una parte inevitable de la vida, la depresión no debe formar parte de ella. Los investigadores están de acuerdo en que el reconocimiento, el diagnóstico y el tratamiento tempranos pueden contrarrestar y prevenir las consecuencias emocionales y físicas de la depresión.

La APA brinda las siguientes pautas cuando se trata de una persona mayor con depresión debido a la edad:

Sea consciente de las limitaciones físicas. Aliente a la persona mayor a consultar con un médico antes de hacer cambios en su dieta o emprender una nueva actividad que pueda estresar su resistencia.


Respete las preferencias individuales. Debido a que las personas mayores tienden a ser menos dóciles a los cambios de estilo de vida, pueden ser reacias a adoptar nuevos hábitos o a hacer cosas que otras personas de su edad disfrutan mucho. Un psicólogo que se especialice en problemas de la tercera edad puede ayudar a desarrollar una estrategia individual para combatir la depresión.

Sea diplomático. Una persona mayor con una autoestima frágil puede interpretar expresiones de aliento y estímulo bien intencionadas como una prueba más del deterioro de su estado. Otros pueden molestarse ante cualquier intento de intervención. Un psicólogo puede ayudar a sus amigos y familiares a desarrollar tácticas positivas para lidiar con estos y otros problemas delicados.
Brinde apoyo. Esto implica comprensión, paciencia, afecto, estímulo y escucha.



Hay que tener paciencia. El tratamiento no hace maravillas de la noche a la mañana, hay que tener en cuenta el tiempo que lleva todo proceso y más cuando son de tipo psicológico.



La mayoría de las personas que padecen depresión puede mejorar con un tratamiento adecuado que radica principalmente en medicamentos y psicoterapia, ayudando a que la persona deprimida recupere su capacidad para tener una vida satisfactoria.


Fuentes: American Psychological Association (apa.org), Instituto Nacional de la Salud Mental de Chile (psicomedica.cl), saludalia.com, tercera-edad.org
Artículo originalmente publicado por lafamilia.info

miércoles, 22 de febrero de 2017

Ocho consejos para conseguir que un matrimonio sea «indestructible» y a prueba de «infidelidades»


Resultado de imagen de matrimonio feliz


En términos generales y debido al frenético ritmo de vida de hoy en día, el marido y/o la esposa pasan menos tiempo en casa a causa de sus horarios de trabajo. Además, la sociedad actual vive un nivel de hipersexualización a todos los niveles nunca antes vistos. Estos hechos suponen un reto para los matrimonios ante las numerosas tentaciones que se van presentando para ser infiel o para simplemente tirar por la borda el matrimonio.

A todo ello, se suma la convivencia dentro del matrimonio y los roces normales que se producen en el día a día. De este modo, es indispensable reforzar el matrimonio y poner cimientos fuertes para cuando llegue la tempestad. Y la fe es un pilar central así como el esfuerzo de cada uno de los cónyuges para cuidar al otro.

En Catholic LinkAndrés D´Angelo, miembro del Movimiento Apostólico de Schoenstatt y experto en temas de familia, da ocho consejos para logar un matrimonio “a prueba de infidelidades”:

1. Antes de conocernos
¿Cómo voy a cuidar algo que todavía no existe? ¿Cómo se hace para ser fiel a alguien que todavía no conozco? En primer lugar, mediante la oración. ¿Rezas a Nuestra Señora la Purísima para que cuide a tu futuro cónyuge? ¿Rezas para poder reconocerlo o reconocerla cuando se encuentren? ¿Cuidas tus amistades y compañías? ¿Te cuidas tú de tener un comportamiento casto? Todo esto redundará luego en beneficio de nuestra futura relación.



2. El Enamoramiento
¡Desde el primer momento debemos construir una relación fuerte a prueba de infidelidades! Desde la etapa de enamorados o durante el noviazgo. ¿Cómo? Principalmente siendo castos. Esta continencia inicial nos cuidará para amar y para ser amados. Si la relación se vuelve “física” durante esta etapa, lo más probable es que sea solamente eso: una relación física, donde el amor nunca va a poder crecer. Si en cambio dedicamos este tiempo a conocernos en profundidad y a forjar una gran amistad. ¡El matrimonio será una gran aventura juntos!

3. El diálogo
Desde el principio, pero especialmente una vez que comienza la vida conyugal, el diálogo tiene que ser fluido, constante, siempre presente. Y el diálogo no es solamente comunicación, o “pase de información”. El diálogo significa compenetrarse de la realidad del otro, saber qué le gusta, cómo se siente, cómo está, qué necesita, y una vez averiguado todo eso. ¡Ponerlo en práctica! Para dialogar, tiene que haber un encuentro de corazones, y es encuentro tiene que ser radicalmente profundo. Que después de cada diálogo conyugal salgamos siendo mejores que antes.

4. La vida de fe
¿No debería ser el primer punto este? Es que los tres están intrínsecamente ligados. Estamos enamorados, pero deberíamos estarlo en Dios. Dialogamos, pero dialogamos de las cosas de Dios. Cada acto de nuestra vida conyugal está abierto a la trascendencia. En el génesis, cuando Dios crea a la humanidad, dice: «A Imagen de Dios los creó, varón y mujer los creó…». Nuestra vida conyugal tiene que estar fundada sobre la roca, que es Cristo y tener un cemento de unión en una vida de fe profunda. La oración y la frecuencia en los sacramentos son piezas claves de un matrimonio a prueba de infidelidades.



5. La castidad conyugal
La castidad no es solo “aguantar hasta que nos casamos”, durante nuestra vida conyugal las relaciones deben regirse por la castidad conyugal. ¿En qué consiste la castidad conyugal? Dejo la palabra al Papa Francisco: «… Es un amor que no usa al otro por el placer, que hace la vida de la otra persona sacra. “Yo te respeto, no quiero usarte”». En la castidad conyugal, cuidamos del otro como de nosotros mismos y como dice San Pablo: «El lecho conyugal sea inmaculado» (Hb 13,4). Cuidemos de la pureza de nuestras relaciones. No veamos pornografía, cuidemos las miradas a otras personas, tengamos un lenguaje delicado entre nosotros. La sexualidad conyugal no tiene que ser un modo de satisfacer mis deseos, sino de darle a mi cónyuge lo que él o ella necesita.

6. Renovar las promesas
Cada vez que vayamos a una boda, o después de participar juntos de la Eucaristía, ¡tomémonos unos minutos para renovar nuestros votos! Hagamos de la renovación diaria una oración, como recomienda el Papa Francisco. No necesitas tener una ceremonia especial para renovar tu matrimonio (si quieres puedes hacerlo, no tiene nada de malo) pero la idea es que cada acto de sacrificio y amor en el matrimonio, sea ocasión para que en tu interior renueves el deseo de serle fiel a tu esposa/o.

7. La sexualidad
¡Por supuesto que la vida sexual de la pareja previene infidelidades! San Pablo lo dice en la primera carta a los Corintios: «No se nieguen el uno al otro, a no ser de común acuerdo y por algún tiempo, a fin de poder dedicarse con más intensidad a la oración; después vuelvan a vivir como antes, para que Satanás no se aproveche de la incontinencia de ustedes y los tiente» (1 Co, 7, 5).

La sexualidad en el matrimonio no solo está permitida, ¡está recomendada! Santo Tomás de Aquino dice que en la unión sexual de los esposos no hay «ni sombra de pecado». Parafraseando a Chesterton, diría que el secreto para no desear la mujer del prójimo, es desear a nuestra propia esposa. La sexualidad conyugal contribuye a la unión conyugal como ninguna otra cosa en esta tierra lo hace.



8. El perdón
Nuestra relación puede tener sus altibajos. Podremos, en un mal día, tratarnos mal, aun cuando nos amemos muchísimo. Como dije al principio, la convivencia puede hacernos perder el respeto. Entonces tendremos que perdonarnos. Y pedirnos perdón. En ese orden: estar siempre dispuestos a perdonar primero, y pedirnos perdón en cuanto podamos. Porque un buen matrimonio es la unión de dos buenos perdonadores. Y luego, cuando nos hayamos reconciliado, como hemos ofendido a la hija o el hijo favorito de Dios, ir a pedirle perdón a él de rodillas en el confesionario.

Nuestro matrimonio, ya sea actual o futuro, es lo mejor que vamos a hacer en nuestra vida si estamos llamados a la vocación conyugal. Es nuestro medio de santificación y nuestro camino al Cielo, por lo tanto, ¡merece ser cuidado siempre! Desde antes de comenzarlo hasta que «la muerte nos separe» podremos hacerlo siempre a prueba de infidelidades.

Para evaluar juntos nuestra relación:
¿Renovamos el propósito todos los días? ¿Rezamos por nuestro cónyuge, actual o futuro? ¿Cuidamos ambos la castidad conyugal y la pureza del lecho nupcial? ¿Recibimos la Eucaristía frecuentemente? ¿Pedimos perdón? ¿Nos perdonamos? ¿Rezamos en Familia? Todos estos ingredientes nos va a ayudar a tener siempre un matrimonio fuerte y a prueba de infidelidades.