martes, 24 de enero de 2017

¿Qué es un noviazgo tóxico y por qué acabarlo cuanto antes?

…Te dejo no porque no te ame sino porque no convienes a mi vida…

¿Qué es un noviazgo tóxico y por qué acabarlo cuanto antes?

Yvonne Ramírez, aleteia
En todas las relaciones existen problemas, y la idea es que esos mismos conflictos sean áreas de oportunidad que les ayude a crecer, tanto de manera personal como en pareja. Cuanto más sana mantengas tu relación de noviazgo, más sano será tu matrimonio y con eso y la Gracia de Dios, evitarás que lo de ustedes sea una estadística más sumando a la plaga de divorcios que hay hoy en día. Las nuevas familias, son la esperanza de este mundo.

Es importantísimo que antes de formalizar tu relación y de comprometer tu vida con alguien para siempre tengas bien claro quién es realmente esa persona con la que te vas a casar, y qué aporta de bueno a tu vida. Aún más importante, que seas muy consciente las causas reales por las que te quieres casar, es decir, si de verdad lo que hay entre ustedes es amor, o los unen otros factores como la codependencia emocional, misma que les hace vivir un noviazgo tóxico.

Noviazgo tóxico significa relación peligrosa y dañina donde las personas no se edifican, al contrario, se destruyen. Esto significa que por andar contigo NO SOY MEJOR PERSONA, me deterioro y por ende estoy mal con todo, con todos y vivo sin paz.
Cuando no tenemos muy claro quiénes somos y cuánto valemos, elegimos por elegir, no ponemos límites en la relación y nos conformamos con “cualquiera” que nos hable y nos haga sentir bonito, pues creemos que “eso” es lo que merecemos. Incluso, llegamos a aceptar malos tratos y hasta abusos, tanto físicos como emocionales, porque llegamos a creer que cuando nos casemos, “yo voy a hacer que cambie”. Este concepto es falso, nadie puede cambiar a nadie: al contrario, en el matrimonio las cosas se tornan peor aún.
Tóxico viene de la palabra “toxon”, que significa veneno, y este provoca la muerte. Entonces, al hablar de noviazgos tóxicos hablamos de una relación donde, a la corta o a la larga, terminarás muy mal en todos aspectos, emocional, espiritual y hasta con riesgo de perder la vida.

El noviazgo es un período de la vida que sirve para conocer al otro y decidir si es lo mejor para tu vida, si te suma, y si es lo que te conviene. Así es, CONVIENE… Es la pregunta que hay que hacerse: Tú, ¿Convienes a mi vida? Si la respuesta es no, es el momento de salir de esa relación aunque te duela el alma y decirle: “Te dejo, no porque no te ame, sino porque no convienes a mi vida”.

Cuando el amor sano, lo que provoca es más amor, vivir en armonía y en paz, contigo y con todo el entorno. Te hace ser mejor persona, te suma, te edifica, te inspira a caminar hacia el bien, porque es un amor que viene desde la libertad y el respeto. Las faltas de respeto NUNCA son opción, ni aún dentro de una discusión acalorada. La característica principal de una noviazgo sano es la armonía y la paz.

Es muy importante que conozcas algunas de las características de un noviazgo tóxico y puedas poner remedio antes de que sea demasiado tarde.
  • Problemas con terceros. Tu relación con los demás (papás, jefe, amigos, etc.) se va desgastando y comienzas a tener conflictos porque tú no vives en paz, vives con miedo. Un noviazgo tóxico no solo afecta a los involucrados sino a todo su medio ambiente.
  • Pleitos constantes. Cualquier motivo es pretexto para discutir, levantar la voz y faltar el respeto. El mal genera más mal, intranquilidad y tristeza.
  • Como en una relación tóxica, mucho de lo que predomina es la desconfianza y el sentido de posesión y pertenencia, se desarrolla una colopatía que los lleva a tener conflictos y reclamos constantes.
  • Por ejemplo, no le gusta tu manera de vestir, tu efusividad o que vas a la iglesia y siempre te está molestando con ese mismo tema. Nadie tiene derecho a cambiar tu personalidad, mucho menos tus valores. Lo que sí se vale es que como pareja te ayude a crecer en virtudes como la decencia, la modestia, la piedad, etc. Hay valores que son esenciales y que no son negociables. En lo opinable tiene que haber libertad, y aceptar lo que por derecho le corresponde al otro.
  • Si de antemano sabes que a tu pareja le gusta beber o tiene otro mal hábito que lo practica en exceso, sal de esa relación lo antes posible. También existe la adicción al sexo donde las parejas se ven y se deshacen en pasión. Tristemente es lo “único” que une a la pareja. No confundas deseo con amor.
  • Terminar y volver de manera habitual. Como dije anteriormente, toda relación tendrá diferencias, más estas debieran usarse para crecer y hacernos mejores personas. Si terminas y vuelves de manera constante, ten cuidado de no estar volviendo con esa persona por un apego afectivo o codependencia, más que por amor.
  • Relaciones íntimas. Las relaciones fuera del matrimonio traen más consecuencias negativas que beneficios. Al tener intimidad unimos no solo cuerpo, también alma, mente y espíritu. En esta unión integral se segrega lo que se llama “la hormona del enamoramiento” u oxitocina y esta actúa como un pegamento moral que une a la pareja lo que desarrolla un sentido como de “pertenencia” del uno por el otro. Lo triste es que esta se segrega aunque no estés enamorado. Entonces ¿qué pasa? Que no puedes despegarte emocionalmente del otro aunque ya no lo quieras o te des cuenta que no te conviene porque te sientes adherida a él/ella. Por esta adhesión que experimentas aceptas maltratos, faltas de respeto y te llega a cegar de tal manera que no logras ver defectos o debilidades en tu pareja que son importantísimos que veas antes de casarte. Cuando se tiene una relación sexual sin amor o sin compromiso el alma queda vacía y triste.
Pon límites claros que te definan como persona y te protejan. Sé heroico y no vivas un noviazgo de “Braille”… (Solo de tacto y a ciegas). No recibas menos de lo que mereces, porque tú mereces todo lo mejor por ser hijo de Dios. Respétate y ámate lo suficiente para ser tratado con tal dignidad, y ten siempre presente esto: lo que no te da paz, no es de Dios, por lo tanto, no es para ti.

Quizás te interese: Abundante información

lunes, 23 de enero de 2017

¿Es bueno para un cristiano meditar sobre el infierno? Depende: ¿le lleva a amar más?


«Maranatha», del padre Spidlik, sobre la vida después de la muerte


 el carro de heno

La Iglesia respira con dos pulmones, Oriente y Occidente, recordaba San Juan Pablo II, refiriéndose a toda la sabiduría que aportan las comunidades cristianas orientales en sus distintas tradiciones y liturgias. Monjes, escritores y filósofos, santos y mártires y el sentir popular de los cristianos de Oriente tienen mucho que decir al cristiano de hoy.

Un autor que siempre ejerció de puente entre ambos “pulmones” fue el jesuita moravo Tomás Spidlik, sabio profesor del Pontificio Instituto Oriental, fallecido en 2010. Ahora la editorial Ciudad Nueva publica en español su libro de 2007 Maranatha. La vida  después de la muerte, con interesantísimos capítulos dedicados al Juicio Final, al Purgatorio, al Cielo, el Infierno, la Resurrección, la Vida Eterna y el sentido de la Cruz. Es decir, a esos temas que interesan a todo hombre -puesto que todos moriremos, y mueren nuestros seres queridos- pero que no suelen comentarse en las homilías.

Los romanos son juristas; pero Oriente respeta el Misterio 
Mientras la Iglesia de tradición latina ha heredado de los antiguos romanos una mentalidad jurídica, que busca normas, reglamentos y disposiciones muy estructuradas y codificadas, las Iglesias orientales, sean de tradición griega, egipcia o siríaca, siempre han sido más rápidas en asumir que las cosas de Dios son misteriosas, que son más para contemplar que para definir y que ciertas expresiones muy tajantes no son adecuadas para lo que está Más Allá, especialmente en la Otra Vida.

Un ejemplo lo vemos en cómo Spidlik recoge diversas consideraciones sobre el infierno, contrastando algunas intuiciones de Oriente con las de Occidente.

¿Pensar en el infierno? Sí, pero...
Los monjes ascetas de Oriente, que buscaban purificarse del mal con su vida monástica extrema, recomendaban pensar en el infierno al levantarse y al acostarse. Pero lo hacían con un objetivo muy concreto, explica Spidlik: debía suscitarse así el “temor de Dios”, y al avanzarse en la vida espiritual eso debía llevar a un amor de Dios. “El temor se transforma en amor, el llanto en alegría inefable, en sentimiento de gratitud por la liberación de los peligros. San Antonio Abad podía decir: ‘ya no temo a Dios’.”

Algo similar le pasó a Santa Teresa de Ávila: la visión que Dios le dio acerca del infierno le enseñó, decía ella, a soportar con paciencia las dificultades presentes, a tener más celo por la salvación de los demás y a estar agradecida por haber visto “de dónde me había librado Su misericordia”.

Spidlik afirma que las visiones de predicadores como San Pablo de la Cruz o Santa Francesca Romana “no se pueden argumentar como pruebas en argumentaciones teológicas” y que la Providencia las permitió “para suscitar un temor saludable, un motivo para convertirse”.

Resultado de imagen de Spidlik



El cardenal Spidlik deslinda en "Maranatha". La vida después de la muerte los beneficios y riesgos espirituales de la meditación sobre el infierno.

Lo que sirve a unos santos no sirve a otros
Pero Spidlik explica que esto, que sirve a algunos santos, no funciona para otros. Pone el ejemplo de Santa Teresita de Lisieux, Doctora de la Iglesia.

 “Meditar sobre el infierno depende de la disposición personal y el modo de hacerlo no puede ser generalizado”, escribe Spidlik. “Las meditaciones habituales que proponían en el convento [sobre el infierno] no convenían a Santa Teresa del Niño Jesús, que practicaba una espiritualidad de confianza amorosa en Jesús. La predicación sobre el infierno la afligía tanto que, según el testimonio de la superiora, habría muerto si se hubiera perpetuado en ese estilo”.

Spidlik señala que el método clásico es que el temor, al madurar el progreso espiritual, lleve al amor, pero “no es bueno darle la vuelta al camino y volver al esquema de arriba abajo”, es decir, quien ya vive confiado en este amor, no tiene sentido que descienda al temor.

El infierno no es como la pena de un tribunal 
Spidlik repasa algunas concepciones sobre el infierno. No le convence la visión “judicial” que tienen muchos y que por ello la rechazan. “Se imagina el castigo divino igual que una pena impuesta por un juez en un tribunal profano, que podría ser intercambiada por otra”, dice, considerándolo una “falsa premisa”.



Resultado de imagen de Descenso de Cristo al limbo


Icono del descenso de Cristo a los infiernos (el limbo de los justos) tras la Resurrección.

Spidlik ve más sentido en la intuición (que comparte, por ejemplo, C.S.Lewis) de que Dios está hecho de un mismo fuego de amor: a quien le ama y acepta, este fuego le vivifica; a quien se niega a aceptarlo, le daña.

La visión de Dios como fuego es muy común en la liturgia oriental y en autores como San Efrén de Siria. “Recibe el carbón ardiente” se dice en la liturgia oriental al repartir la comunión. Y María es la zarza ardiente, como aparece en muchos iconos: llena del fuego de Dios, pero no se consume. También el hombre debe ser así.El que no ha sido transformado por el Espíritu, se quema (sufre) en este fuego.

Un amor bueno... que los malos experimentan mal  
¿Cómo puede un amor bueno, un fuego de bondad, dañar a alguien? Puede, si es malo. El ejemplo de manual que da Spidlik es el de un marido infiel que una y otra vez engaña a su esposa y vuelve a casa, y ve que la esposa, pese a saberlo, le acoge con amor, intenta amarle más y mejor, y perdonarle… y todo ese amor y perdón de su esposa al marido le duele, le da rabia, reacciona con más maldad. “Esta analogía psicológica ayuda a comprender cómo un fuego de amor puede provocar un fuego de furia dolorosa”. Que es lo que vivirían los condenados.
  
Así, san Isaac de Siria, místico del siglo VII, escribe: “Yo digo que quienes sufren en la gehena [el infierno] son atormentados por los sufrimientos del amor, es decir, donde han sentido que han faltado en el amor, más que por los tormentos causados por el temor”.

Condenación "eterna" no significa "mucho tiempo"
También reflexiona sobre la idea de que la condenación en el infierno es eterna. ¿Es justo que para maldades limitadas en el tiempo y el espacio se decreten castigos eternos?

Spidlik recuerda que la eternidad no es “mucho tiempo”, que no es tiempo en absoluto. Desde luego, no es “un tiempo que se prolonga indefinidamente”. Es más bien el hecho de que Dios, desde su eterno presente, ve cada hecho, cada bien y cada mal, vivo, indeleble. El que se salva, desde el cielo, ve que cada obra buena y cada momento de arrepentimiento que vivió, siguen ahí, con valor eterno.

Pero ¿qué ve el condenado? Ve siempre su mal.

El sacerdote, científico y filósofo ruso Pavel Florenski reflexiona sobre la condición del condenado, no con argumentos, sino con un sueño que tuvo: el condenado está en una oscuridad, “el borde del Ser Divino, más allá del cual hay una nada absoluta. Quería gritar y no podía, un instante más y sería la aniquilación suprema”. Pero no llega esa aniquilación: está siempre en ese borde. Puede imaginarse que es el “estado” más lejano posible a donde “está” Dios.

El Cristo de los iconos no es el de Miguel Ángel
Spidlik también contrasta el Cristo de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, del siglo XVI, que arroja a los condenados al infierno, con el Cristo de los iconos cristianos orientales, que desciende del Cielo, glorioso, tendiendo su mano a los que están en el abismo de la tumba, a los que caen hacia el infierno.




El Juicio Final de Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina, con los condenados al infierno en la parte inferior.


 Infierno juicio final capilla sixtina
 “Su prototipo es el Buen Ladrón, que fue crucificado junto a Cristo y ahora se encuentra en el paraíso. Pero si, a pesar de tanto amor divino, hay tozudos que rechazan la mano tendida del Salvador, son ellos los que han elegido para sí mismos la segunda muerte”.
   
Spidlik previene, finalmente, en este capítulo sobre el infierno: “Es mejor no escudriñar más en el misterio del mal, que siendo esencialmente negativo, es inexpresable con conceptos positivos”. De nuevo, el Misterio es más para contemplar que para definir y codificar.

¿Por qué en Fátima la Virgen le mostró el infierno a los niños?



Satan as depicted in the Ninth Circle of Hell in Dante Alighieri's Inferno, illustrated by Gustave Doré.

Es una pregunta de mucho valor.

Imagina la edad de esos pequeños videntes en Fátima. De pronto en una de sus apariciones la Virgen les muestra el Infierno. ¿Por qué?

Tuve la alegría de participar hace poco de un retiro del Padre Teófilo Rodríguez, un gran defensor de la Inmaculada que viaja por muchos países predicando las verdades de nuestra fe, haciendo un llamado urgente a la santidad y la reconciliación,  promoviendo la devoción a los Corazones de Jesús y María.

Nos habló del infierno. Y respondió esa inquietante pregunta.

¿Por qué le mostró la Virgen el infierno a esos niños?

“Ella abrió sus manos una vez más, como lo había hecho los dos meses anteriores. Los rayos de luz parecían penetrar la tierra y vimos, por decirlo así, un vasto mar de fuego. 

Sumergidos en este fuego estaban los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas con forma humana. Llevados por las llamas que de ellos mismos salían, juntamente con horribles nubes de humo, flotaban en aquel fuego y caían para todos los lados igual que las pavesas en los grandes incendios sin peso y sin equilibrio, entre gritos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de espanto. 

Debía haber sido este espectáculo lo que me hizo gritar, como dice la gente que así me escuchó. Los demonios se distinguían por formas horribles y repugnantes de animales espantosos y desconocidos pero transparentes igual que carbones encendidos. Esa visión duró sólo un momento, gracias a nuestra bondadosa Madre Celestial, Quien en la primera aparición había prometido llevarnos al Cielo. Sin esto, creo que hubiéramos muerto de terror y miedo.”

La  respuesta es más sencilla aún pero estremece. ¿Por qué?

“Para recordarnos que el infierno existe. Que es eterno. La condenación es  real.”

Mientras nos hablaba de estas verdades que están en el Catecismo de la Iglesia Católica,  y de lo que poco se habla me di cuenta de nuestra fragilidad:

“…Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de auto-exclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra “infierno”. 
Catecismo 1033


[...]

Me estremecen estas palabras de la Virgen:

“Dejen de ofender a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido”.

Por eso al rezar el santo Rosario digo con gran fervor al final de cada misterio esta oración que le enseñó la Virgen a los niños en su tercera aparición:

“Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia”.

Claudio de Castro, aleteia

Llenar el descanso de encuentros

Catequesis de Juan Pablo II

 vacaciones jóvenes

El descanso significa dejar las ocupaciones cotidianas, despegarse de las normales fatigas del día, de la semana y del año. Dejar y despegarse de todo cuanto podría expresarse con el símbolo “Marta”. Es importante que el descanso no sea andar en el vacío, que no sea solamente un vacío (en tal caso, no sería un descanso verdadero).

Es importante que el descanso se llene con el encuentro. Pienso -sí, ciertamente- en el encuentro con la naturaleza, con las montañas, con el mar y con el arbolado. El hombre, en sabio contacto con la naturaleza, recobra la quietud y se calma interiormente. Por eso no es aún todo lo que puede decirse del descanso.

Hace falta que el descanso se llene de un contenido nuevo, con ese contenido que se expresa en el símbolo “María”. “María” significa el encuentro con Cristo, el encuentro con Dios. Significa abrir la vista interior del alma a su presencia en el mundo, abrir el oído interior a la Palabra de su verdad.

A todos les deseo un descanso semejante.

De modo especial, deseo un descanso así a los jóvenes, chicos y chicas, que, libres de las obligaciones escolares o universitarias, … viven, de manera especialmente intensa, la belleza del mundo y su propia juventud.

Sé que, entre ellos, no faltan algunos para los cuales el tiempo de descanso es, a la vez, el tiempo de un particular encuentro con el Señor, en la comunidad fraternal de los coetáneos. ¡Hermosas, muy hermosas son realmente esas vacaciones! Las conozco por mi personal experiencia, porque en mi vida he transcurrido, como Pastor, muchas vacaciones con los jóvenes.

A todos los jóvenes, por tanto, les deseo, con todo el corazón, que este tiempo de descanso sea para ellos el tiempo del encuentro, de un encuentro, en el cual se halle “la parte mejor”, la parte que ya ninguno podrá quitarnos…

Juan Pablo II

Catequesis de Juan Pablo II en el Ángelus del Domingo 20 de Julio de 1980 Festividad Marta y María

El Papa está haciendo alusión al siguiente evangelio:


Marta y María.
Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. 
Luc 10:39 Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra, 
Luc 10:40 mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Al fin, se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.» 
Luc 10:41 Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; 
Luc 10:42 y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola*. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada.» 

Artículo originalmente publicado por Radio María