jueves, 22 de septiembre de 2016

Mañana celebraremos la fiesta de San Pío de Pietrelcina

Saint Pio of Pietrelcina

Algunas de sus palabras: 
«Los ángeles solo nos tienen envidia por una cosa: ellos no pueden sufrir por Dios. Solo el sufrimiento nos permite decir con toda seguridad: Dios mío, mirad cómo os amo». Entendió perfectamente las palabras de Cristo: «Casi todos vienen a mí para que les alivie la cruz; son muy pocos los que se me acercan para que les enseñe a llevarla». Este moderno cirineo no vaciló; portó la cruz elegantemente hasta el fin de sus días, unido al Redentor, infundiendo aliento a los demás y ayudándoles a llevar la suya: «Ten por cierto que si a Dios un alma le es grata, más la pondrá a prueba. Por tanto, ¡coraje! y adelante siempre».

 «Todo se resume en esto: estoy devorado por el amor a Dios y el amor al prójimo. ¿Cómo es posible ver a Dios que se entristece ante el mal y no entristecerse de igual modo? Yo no soy capaz de algo que no sea tener y querer lo que quiere Dios». 

La última Misa del Padre Pío
El 22 de septiembre de 1968, horas antes de morir, el santo de Pietrelcina ofició misa en la iglesia de Santa María de las Gracias, ante una multitud que sabía que vivía sus últimas horas. Falleció el 23 de septiembre, cuando se conmemora su fiesta una vez canonizado.



miércoles, 21 de septiembre de 2016

La Santa Misa contada en Historietas 16




16. La Grandeza auténtica del Emperador.
(Acto penitencial)



Comienza la cuaresma del año 390. Los fieles de la ciudad episcopal de Milán acuden en tropel a la Santa Misa. No hay que olvidar que Milán en aquel entonces era el lugar de la residencia del emperador. Por eso también el emperador se pone en camino al templo. El emperador Teodosio mismo va a Misa. 

Las conversaciones de los milaneses no comentan otra cosa que de los últimos acontecimientos en Salónica (Tesalónica), la ciudad que dominaba el mediterráneo del este y el camino a Constantinopla. La población había entrado en franca rebeldía contra el emperador. Los militares dominan la situación. Pero el emperador trama venganza. Después de muchos años de caos él ha dado a su reino la unidad política y religiosa. Ha impuesto de nuevo la fe en la gloria divina de Jesús. Pero también ha crecido su orgullo y la conciencia de su poder. No soporta que haya rebeldías. Un día hace convocar a los ciudadanos de Tesalónica en el anfiteatro de la ciudad. Cuando todos están reunidos entran los militares y comienzan a matar a espada a diestra y a siniestra. Muchos, muchísimos mueren violentamente en este día.

También el obispo de Milán, Ambrosio, ha oído de los hechos nefastos y crueles. Ante Dios ha examinado su deber. Cuando entró el emperador al atrio del templo episcopal Ambrosio se le enfrenta. Le recuerda a Teodosio la matanza de los tesalonicenses. Luego le dice: "Tú no puedes entrar en la casa de Dios. Tú no puedes estar ante el altar de Dios. Tus manos están manchadas de sangre. Primero tienes que hacer penitencia como lo prescribe la Iglesia. Revestido de costal, cubiertas de ceniza debes quedarte aquí en el atrio y pedir la oración de los que entran al templo". El rostro del emperador empalidece. Los generales empuñan la espada. Los cortesanos protestan vociferando. Pero el emperador muestra su verdadera grandeza. Hace que le traigan un vestido penitencial hecho de costal. Cubre su cabeza de ceniza. Esto se repite durante todas las celebraciones de esa cuaresma. Recién el día de Pascua de Resurrección el perdón de la Iglesia lo ha admitido nuevamente a la celebración ante el altar.

Los milaneses están orgullosos de su emperador: Es un gran político y estratégico, pero lo que es más, es un cristiano de cuerpo entero. Los milaneses también están orgullosos de su obispo, San Ambrosio, que llevó al emperador a la penitencia. 

Hemos llegado al umbral de la Santa Misa. Tomaremos parte en el altar. Venimos revestidos de la dignidad de los hijos de Dios, venimos como amigos de Cristo y quizás podemos decir que hemos trabajo fielmente por Jesucristo. 

Sin embargo, el umbral tiene mucho significado. El santuario de la Iglesia nos llama al respeto y la reverencia. Recordemos que somos pecadores. En los países griegos el diácono dice al momento de la comunión: "Lo Santo para los Santos". Aunque nos hayamos esforzado honradamente, no somos santos. Tenemos que confesar "que hemos hecho el mal y omitido el bien, que hemos pecado en pensamientos, palabras, obras y omisión, por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa". Así decimos en el "yo pecador". Aunque no hayamos hecho un gran mal, siempre tenemos que confesar que hemos dejado de hacer mucho bien. Aunque, a Dios gracias, no se ha transparentado mucho mal hacia afuera, queda siempre el mundo confuso de los pensamiento, la vida egoísta centrada en el propio yo. 

Así nos quedamos en el umbral del santuario de la Santa Misa: "Confesamos que somos pobres pecadores". Sin esta penitencia, sin el cambio interior no estaríamos en la Eucaristía como verdaderos cristianos. Porque Cristo ha comenzado su anuncio reclamando: "Haced penitencia".


Las 10 claves de Catholic Voices para defender la fe sin levantar la voz: sacar lo mejor del otro

Las 10 claves de Catholic Voices para defender la fe sin levantar la voz: sacar lo mejor del otro
Vosotros los católicos, y el sexo, y la escuela, y la pobreza, y los abusos,
 y la ciencia... hay que dar iluminar sin acalorar, saber responder sin enfadarse
P.J.Ginés, ReL
Catholic Voices cuenta con
 laicos bien formados para explicar en público y en la prensa la postura de la Iglesia respecto a numerosos temas: se presentan como voces autorizadas (con permiso de los obispos para ejercer este servicio) pero no oficiales.

“Desde 2010 hemos formado a docenas de oradores, hemos aparecido en cientos de informativos y hemos orientado e impartido talleres a muchas organizaciones católicas. El proyecto se ha expandido a más de 15 países, y ha desembocado en una serie de nuevos proyectos como cursos de hablar en público, prácticas y talleres”, explica el libro.

Los temas controvertidos pueden ser muchos, pero en Occidente , y especialmente en los medios de comunicación y ámbitos sociopolíticos, son siempre estos pocos:

- La relación entre Iglesia, Estado y política
- La Iglesia y el sexo: anticoncepción, castidad, homosexualidad, etc...
- La Iglesia y la demografía, el sida, la pobreza, la ecología, el control de poblaciones...
- El matrimonio, el divorcio, el matrimonio del mismo sexo...
- El aborto (la defensa del no nacido)
- Eutanasia y suicidio asistido
- La Iglesia y la educación (escuelas católicas, educación en valores, adoctrinamiento estatal, derecho de los padres)
- Los abusos sexuales en entornos eclesiales
- La mujer en la iglesia

Cómo defender la fe enseña a abordar estos temas en 333 páginas ágiles y rápidamente documentadas, pero reforzando siempre las 10 claves que los años de experiencia han mostrado que son necesarias para una comunicación católica que ilumine de verdad y sea eficaz.



1. En lugar de enfadarte, reformula
Hay que buscar los valores cristianos escondidos bajo esa crítica y aceptarlos. Después hay que reformular la historia colocando a la Iglesia en el lugar que honradamente le corresponde.

Por ejemplo, si se acusa a la Iglesia de no preocuparse por el problema del sida en África se puede recoger así el valor cristiano compartido: “A ti te preocupan los enfermos de sida en África, y también a mí, y a la Iglesia, porque Cristo enseña a cuidar a los enfermos. Todos coincidimos en esto y debemos colaborar en este esfuerzo".

Y podemos reformular el tema dando el contexto real: “Precisamente, la Iglesia es quien atiende al 75% de los enfermos de sida en África, y a casi todos los de zonas remotas, con la Fundación El Buen Samaritano ha ayudado a retrovirales accesibles en países pobres y sus estrategias contra la pandemia, enraizadas en la población local, defendiendo la abstinencia, la fidelidad matrimonial y la reducción de parejas, son las medidas que han funcionado bien, como demuestran el caso de Uganda, Zimbabue y Kenia y, por ejemplo, los estudios del epidemiólogo Edward Green”.

2. Echa luz, no leña al fuego; iluminemos, no acaloremos
El objetivo es comunicar, iluminar, que se entienda qué defiende la Iglesia y por qué. Por eso se explican las cosas con calma. Son conversaciones, a menudo breves y en entornos complicados, en las que no podemos pretender convertir a nadie (aunque, si sucede, bendito sea Dios) sino echar luz en un tema confuso que la gente no entiende.


Señalar con el dedo y regañar no ayuda a evangelizar:
se trata de iluminar un tema sin acalorar a nadie; ¡luz, no calor!


3. Piensa en triángulos
El Papa Francisco a menudo reduce sus homilías a tres ideas o tres puntos, porque es una forma eficaz de comunicar. De igual forma, en un diálogo oral, un encuentro breve, una charla informal, en la que vas a tener poco tiempo, es bueno tener 3 ideas claras, incluso memorizadas, y poder decirlas. Si las cosas se ponen feas (no dejan hablar, hay ataques que se salen de tema, un brillante interlocutor ha secuestrado la charla) siempre puedes decir: “Mira, ¿puedo simplemente decir 3 cosas?”

De esas tres cosas, la primera ha de recoger el valor positivo del interlocutor (“Mira, te preocupa el sida en África, y también a mí y a la Iglesia”) y las otras dos lo reformulan (“por eso la Iglesia, y no otras entidades, atienden al 75% de enfermos de sida allí, y lo previene con campañas eficaces de prevención, como demuestran los casos de Uganda, Kenia y Zimbabue, donde con campañas de fidelidad y abstinencia se han reducido los contagios”).

4. La gente no recuerda qué dijiste, sino qué sintió al escucharte
La Verdad, por sí sola, no convence tanto como la Verdad expresada de forma educada, empática, clara y amable. No se trata de “emitir ideas”, como una máquina, sino de tener un trato interpersonal, un encuentro, un conocerse mutuamente y compartir un rato, sentimientos, pasiones y preocupaciones... Tu interlocutor, ¿quedará con ganas de seguir tratándote, de acudir a ti y consultarte... o se sentirá atacado cuando hables y aliviado cuando calles? Los sentimientos del interlocutor son más importantes a la hora de comunicarse entre humanos que la exactitud del discurso.

5. No lo digas, muéstralo
La gente prefiere un testimonio personal antes que una argumentación filosófica. La gente quiere oír cosas que se puedan imaginar. Si hablas del sida en África, ¡lo mejor es que hayas estado en África y cuentes lo que has visto y tocado!

Si no has estado en África, describe lo que cuentan los que sí han estado: dispensarios remotos, monjas con retrovirales en canoa que llegan a poblados de cabañas de paja donde no va nadie, enfermos que piden algo tan sencillo como vitaminas o comida, jefes, ancianos y familias que se reúnen para hablar de cómo enseñar la fidelidad matrimonial a los jóvenes, etc...

6. Acuérdate de decir “sí”
A menudo al católico se le pregunta ¿“por qué estáis en contra de tal cosa”? Es una trampa: hablar “en contra” te dará mala imagen, a ti y a la iglesia, y tu comunicación será ineficaz. El contertulio pensará en la Iglesia como en una antipática policía moral, en vez de ver un testimonio del amor de Dios, como Madre Teresa. Hay que reformular el tema para explicarlo en positivo.

Por ejemplo, si preguntan “¿por qué estáis en contra del preservativo en África?” se puede responder que “estamos a favor de la vida, de las familias, de combatir el sida de forma realmente eficaz, cosa que el preservativo no consigue en el contexto africano; estamos a favor de cambiar los hábitos para que sean más sanos, como los mismos africanos defienden y han demostrado en Uganda, Kenia y Zimbabue: monogamia, abstinencia hasta el matrimonio, atención a los enfermos...”


7. La compasión importa
Mucha gente ha sufrido abusos, traumas sexuales, malos tratos por parte quizá de algún eclesiástico... o experiencias duras de enfermedad, dolor, infertilidad, deseos frustrados... y descarga eso contra la Iglesia y contra Dios. Si hablas con ellos, o hablas sobre ellos (enfermos que sufren y piden la eutanasia, madres asustadas que creen que necesitan abortar, etc...) has de dejar claro que sientes compasión, solidaridad, que los entiendes en sus sentimientos, que empatizas. La Iglesia es madre y las madres se duelen con sus hijos dolidos. Los enemigos de la Iglesia la presentarán una y otra vez como una máquina fría, insensible. Como voz católica, en encuentros personales, muchas veces, en vez de dar argumentos, habrás de mostrar compasión, acogida y escucha.

8. Las cifras son complicadas y no convencen mucho
“Las estadísticas pueden resultar abstractas e inhumanas, o simplemente una tapadera. No es extraño que, cuando un político las usa, la gente piense que está mintiendo. No bases la argumentación en cifras y datos, aunque puedes usarlos para ilustrar el argumento principal”, enseña el modelo de Catholic Voices, pensando sobre todo en el coloquio hablado. Además, hay que simplificar las cifras: no digas “un 33,5%” sino “uno de cada tres”.  Con todo, en una exposición por escrito, o con gráficos visuales, pueden ayudar.


9. Se trata de dar testimonio, no de vencer a nadie
La gente casi nunca cambia de mentalidad ante un argumento firme, sino ante una realidad visible... que suele ser una persona. Por ejemplo, quien veía a la Iglesia como fría e insensible puede cambiar al ver cristianos empáticos y compasivos. Para que “se vea”, el cristiano ha de testimoniarlo. Los interlocutores hostiles a Jesús le tendían muchas trampas y mostraban su fuerte oposición, pero Él respondía sin violencia y sin victimismo. La mentalidad de “ganar la argumentación”, o peor aún, “hundir al otro” no sirve para dar testimonio, no ilumina.

10. No se trata de ti
Como Juan el Bautista, el cristiano anuncia a alguien más grande, Cristo y su Iglesia, y se retira, sin protagonismos. Es bueno rezar antes de un debate, charla, encuentro... y ponerlo en manos de Dios, saber que es cosa Suya, no tuya. Hay que pedir al Espíritu Santo que hable a través de ti. E incluso si lo haces mal, puedes aprender en cada ocasión sabiendo que lo pones en manos de Dios y vas a intentar mejorar.

En Catholic Voices, antes de una intervención, rezan una oración pidiendo “los dones del Espíritu Santo que necesitamos para este trabajo, en especial los de sabiduría, dulzura, valor y alegría” y solicitando la intercesión de la Virgen Trono de Sabiduría, de San Juan XXIII, de San Juan Pablo II y de los beatos Tito Brandsma, Catalina de Siena y cardenal Newman.




martes, 20 de septiembre de 2016

Sed de Paz - Asís: El Papa Francisco en la Jornada de Oración

El Papa Francisco, una vez en la ciudad medieval de Asís, saludó a su santidad Bartolomé I, patriarca ecuménico de Constantinopla, junto a un representante musulmán y uno judío; y en el claustro Sixto IV saludó además a muchas  personas, en particular a refugiados, migrantes y gente que sufrió la guerra, incluso a una de las familias que Francisco trajo desde la isla griega de Lesbos en su viaje realizado en junio pasado. Estaban también algunos periodistas y personas de la Comunidad de San Egidio, en estos saludos que se extendieron por más una hora.

El Papa en la ciudad de Asís



Recuerdo de los que sufren:
Una vela encendida por cada país en conflicto

Asís, una vela por cada conflicto


Judíos reunidos en oración
Asís, judios en oración en un claustro del convento



Musulmanes reunidos en plegaria por la paz
Asís, musulmanes en oración


Ceremonia final
Durante la ceremonia final se mantuvo un minuto de silencio por las víctimas de las guerras, del terrorismo y de la violencia, se entregó un mensaje de paz que fue llevado por los niños a los presentes. Se encendió también un candelabro de la paz: el Papa lo hizo con la primera vela, después fue el rabino Brodman, la tercera la encendió el patriarca ecuménico Bartolomé I, a continuación lo hizo el jeque Abbas Shuman de la Universidad Al-Azhar y así sucesivamente los diversos líderes. 

El Papa en Asís enciende el candelabro símbolo de la Paz


Después firmaron uno a uno, un llamado de la paz
En el enciento de Asís, el Papa firma la declaración final


Llamado de la Paz


“Hombres y mujeres de religiones diferentes hemos venido como peregrinos a la ciudad de san Francisco. Aquí, en 1986, hace treinta años, por invitación del papa Juan Pablo II, se reunieron Representantes religiosos de todo el mundo, por vez primera de forma tan participada y solemne, para afirmar el lazo indisoluble entre el gran bien de la paz y una auténtica actitud religiosa. Desde aquel acontecimiento histórico se ha encaminado un largo peregrinaje que, tocando muchas ciudades del mundo, ha implicado a muchos creyentes en el diálogo y en la oración por la paz; ha unido sin confundir, dando vida a sólidas amistades interreligiosas y contribuyendo a apagar no pocos conflictos. Éste es el espíritu que nos anima: realizar el encuentro en el diálogo, oponerse a toda forma de violencia y abuso de la religión para justificar la guerra y el terrorismo. Sin embargo, durante los años transcurridos todavía muchos pueblos han sido dolorosamente heridos por la guerra. No se ha comprendido siempre que la guerra empeora el mundo, dejando una herencia de dolores y odios. Con la guerra todos pierden, incluso los vencedores.
Hemos dirigido nuestra oración a Dios para que conceda la paz al mundo. Reconocemos la necesidad de rezar constantemente por la paz, porque la oración protege el mundo y lo ilumina. La paz es el nombre de Dios. Quien invoca el nombre de Dios para justificar el terrorismo, la violencia y la guerra, no camina por Su sendero: la guerra en nombre de la religión se convierte en una guerra a la religión misma. Con firme convicción, reafirmamos por tanto que la violencia y el terrorismo se oponen al verdadero espíritu religioso.

Nos hemos puesto a la escucha de la voz de los pobres, de los niños, de las jóvenes generaciones, de las mujeres y de muchos hermanos y hermanas que sufren por la guerra; con ellos decimos con fuerza: ¡No a la guerra! Que no se quede sin escuchar el grito de dolor de tantos inocentes. Imploramos a los Responsables de las naciones para que se desactiven las causas de las guerras: la avidez de poder y de dinero, la avaricia de quien comercia con armas, los intereses partidarios, las venganzas por el pasado. Que aumente el compromiso concreto para remover las causas subyacentes a los conflictos: las situaciones de pobreza, injusticia y desigualdad, la explotación y el desprecio de la vida humana.
Que se abra finalmente un tiempo nuevo en el que el mundo globalizado se convierta en una familia de pueblos. Que se ejerza la responsabilidad de construir una paz verdadera, que esté atenta a las necesidades auténticas de las personas y de los pueblos, que prevenga los conflictos con la colaboración, que venza los odios y supere las barreras con el encuentro y el diálogo. Nada se pierde practicando el diálogo. Nada es imposible si nos dirigimos a Dios en la oración. Todos pueden ser artesanos de paz; desde Asís renovamos con convicción nuestro compromiso de serlo, con la ayuda de Dios, junto a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
Asís, 20 de septiembre de 2016″.

25 formas de mostrar a tu marido que le quieres

Después de las 25 formas de mostrar a tu mujer que la quieres, ¡ahora le toca a ella!


25 formas de mostrar a tu marido que le quieres


The Catholic Gentleman
El matrimonio es una asociación en la que la entrega personal recíproca es algo necesario. Un matrimonio puede quedar roto cuando el marido ya no ama a su esposa, pero también cuando la mujer desacredita o denigra a su marido. Es un juego en el que participan dos.

Como ya se dijo en su momento para los maridosuna regla sencilla para conservar un matrimonio feliz es amar a tu cónyuge como el primer día. Al principio, la principal preocupación de los dos era hacer todo lo posible por complacer al otro. Quizás, quisieras estar especialmente hermosa para él, para cautivar su atención constantemente. Ahora, si quieres hacer feliz a tu marido, continúa haciendo lo que hacías antes: esfuérzate sin descanso por ganar su corazón de nuevo.
He aquí 25 maneras de mostrar a tu marido que le amas:
  1. Reza por él diariamente.
  2. Concédele más autoridad.
  3. No te quejes de él (¡nunca!) a los amigos o a la familia.
  4. Discúlpate cuando te equivoques.
  5. Perdónale cuando se equivoque.
  6. Cocina tus mejores platos para él.
  7. Permítele salir con sus amigos.
  8. Ved juntos una película de su género favorito.
  9. Dile qué es lo que amas de él.
  10. Dedícale más elogios que críticas.
  11. No le atormentes en el plano emocional, sé sincera.
  12. Valora sus intereses e inquietudes sin burlarte de él.
  13. Toma la iniciativa de vez en cuando en el lecho conyugal.
  14. Déjale tener su tiempo libre.
  15. Haz todo lo que esté en tu mano por complacerle.
  16. Prepárale un buen desayuno (beicon, bollería, jamón, fruta, huevos… lo que a él le guste).
  17. Dile que estás orgullosa de él.
  18. Apóyale delante de vuestros hijos.
  19. Cuando dude de sí mismo, anímale diciéndole: “Tú puedes hacerlo”.
  20. Sorpréndele con caprichos.
  21. Bésale de forma sincera y espontánea.
  22. Escríbele mensajes de amor.
  23. Cultiva tu belleza interior (hasta la santidad).
  24. Reíd juntos.
  25. Muéstrate agradecida cuando te ayude.
El matrimonio, en muchos aspectos, no es tan complicado. El éxito de un matrimonio empieza y termina junto al cónyuge: buscando su felicidad y ofreciéndote a tu marido o a tu esposa con innumerables actos de amor y sacrificio. Muchos matrimonios fracasan porque la mujer piensa ante todo en su propia felicidad. El único medio para tener un matrimonio feliz es no pensar en ti misma y entregarte por completo.
Considera el matrimonio como una inversión a largo plazo: cuanto más ofrezcas, más recibirás a cambio. Por supuesto, existen excepciones trágicas, pero el hecho es que amando verdaderamente y por entero a tu marido, la alegría y el amor serán mutuos. El egoísmo, por el contrario, sólo conduce a la tristeza, la ira y el engaño.

Chica, sea cual sea su situación conyugal actual, probablemente hubo una época en la que quisiste conquistar el corazón de tu marido. ¿Sigue siendo el caso? Es muy importante para un hombre el saberse deseado, respetado, admirado y amado. En lugar de la crítica, busca la edificación.

5 trucos para sobrevivir a la misa con tus hijos

Con un poco de suerte, incluso podrás escuchar la homilía
5 trucos para sobrevivir a la misa con tus hijos

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Hay ciertas cosas que ponen a prueba la paciencia de una madre… Una de ellas es llevar a los hijos a algún sitio (a cualquier sitio, en realidad). Si de verdad queréis aventuraros en un territorio terrorífico, intentad llevar a los peques a misa. Rogamos se abstengan las almas más sensibles.

Si sois de los míos, seguro que 24 horas antes de la misa ya os estáis preparando psicológicamente.

Todos queremos que nuestros chiquillos y chiquillas vayan a la iglesia y construyan una relación con Cristo, pero no es algo que suceda siempre de forma sencilla y espontánea, y el desánimo no tarda en instalarse en nuestra mirada.

Después de varios domingos reagrupando a mis cuatro hijos para llevarlos ante el Santo Sacramento, he resumido para todos vosotros mis cinco mejores trucos para sobrevivir a esta temible prueba:

  1. Preparad el atuendo de cada uno
Conseguir llevarlos a todos hasta los bancos de la iglesia (¡y con puntualidad!) exige ciertas cualidades de anticipación. Por supuesto, siempre podéis ir sin preparar nada, pero imagino que no querréis derramar las mismas lágrimas que yo. Para evitar caer en una crisis nerviosa delante de toda la congregación, preparad la ropa de los hijos la tarde o noche del día anterior. De no hacerlo, lo más probable es que vuestro bebé termine con unos pantis en vez de pantalones y con una vieja camiseta agujereada (de la que os percataréis, claro está, justo antes de entrar en la iglesia). Entonces terminaréis la operación eligiendo los asientos más próximos a la salida, para poder escapar en cuanto termine el canto de envío.

  1. Preparad una bolsa
Conozco a algunos padres que demuestran su inusitada valentía (o locura) cuando van por ahí sin preparar ninguna bolsa para sus hijos. Llevad pañales y ropa de abrigo y/o de repuesto: es esencial ir preparados para cualquier eventualidad.

Mis prioridades suelen ser las botellas de agua y unos pastelitos. Una gran idea también es llevar libros con ilustraciones o cuadernos para colorear, una buenísima ayuda para los críos de 4 años y menos.
Un día olvidé coger los pañales y mi bebé tuvo una necesidad urgente. A pesar de mi resolución de escuchar entero el Sermón de la Montaña (del Evangelio de san Mateo), en aquel momento preciso no pude evitar rezar al Señor para rogarle que hiciera aparecer unos pañales en mi bolsa.

  1. Conservad una buena forma física
No digo que os convirtáis en la gimnasta Simone Biles, pero ayuda mucho tener un poco de resistencia física cuando hablamos de llevar niños a misa. Haced deporte y comed bien, nunca se sabe cuándo habrá que salir corriendo para cazar a un niño camino del altar.

  1. Tened previstas las pausas para pipí
En esta etapa de mi carrera parental, he dejado de contar el número de misas que he escuchado desde los servicios. ¿Una de cada cinco, quizás? Si tenéis hijos que están empezando a aprender a ir al orinal, no puedo hacer nada por vosotros. No podréis asistir a más de cinco minutos seguidos de misa. Para el resto de mamás y papás, puede resultar útil imponer una pausa para pipí obligatoria antes de ir a la iglesia.

  1. Abrazad el caos
Cada domingo es una aventura nueva. Y por “aventura” quiero decir que nada más volver a casa necesito una dosis triple de café. Y cinco cruasanes. Pero el agotamiento habrá valido la pena: pasar una hora en familia y con Cristo no tiene precio.
Queridos padres, ¡no intentéis ser perfectos! Los bebes lloran y los pequeños intentan escalar por la pila de agua bendita, es lo normal. Jesús os observa y valora vuestros esfuerzos. Así que, ¡respirad profundamente y llevad a los más pequeños a rezar y a crecer con Dios!

Comentario (y estamos de aucerdo)
Xoch
mal consejo los niños deben aprender a estar en Misa dentro de la Iglesia sin ninguna clase de entretenimiento. Aunque tengan menos de 4 años los niños entienden que a Dios se le quiere y esa es su casa. El agua.... Los snacks están de mas y los pone peor créanme tengo cuatro hijos 11, 8,7 y 5 tengo 4 años llevándolos cada domingo y es difícil pero ellos pueden entender






lunes, 19 de septiembre de 2016

Sufrimiento y testimonio de Asia Bibi


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El 14 de julio de 2009, tras varias horas de cosecha en el campo, Asia Bibi tuvo sed, se acercó a un pozo y bebió. En ese momento, una vecina gritó que el agua era de las mujeres musulmanas y la estaba contaminando. El tono de la disputa fue subiendo hasta que surgió una acusación: “¡Blasfemia!”. En Pakistán, esa palabra significa muerte. La suerte de Asia estaba echada.
Tras propinarle una brutal paliza, la encarcelaron. Un año después fue condenada a la horca. Hoy, a la espera de una apelación, se pudre en una celda sin ventana. Su familia ha tenido que huir del pueblo, amenazada por los extremistas. Los dos hombres que quisieron ayudarla, el gobernador del Pendjab, musulmán, y el ministro de las Minorías, cristiano, han sido asesinados.
Asia Bibi está firme en su determinación de morir antes que rechazar a Jesucristo, como le ofrecieron a cambio de su liberación.